-
Joder, pensaba que ya no venías. - Dijo Cleo cuando Stevie se sentó
en el suelo con ellas de nuevo.
-
Perdón. Un idiota se ha empotrado contra mí y me ha tirado al
suelo. - Contestó ella. - Pero luego me invitó a la lata de
Coca-Cola así que se lo perdono.
-
¡Vaya uno! - Exclamó Emma. - Oye chicas, llevamos aquí bastante
rato, y ya estamos los dos institutos.., ¿a qué narices estamos
esperando?
-
No lo sé la verdad. - Dijo Stevie, abriendo la lata del refresco.
-
Pues voy a preguntar. - Emma se levantó del suelo, se limpió la
parte de atrás de los pantalones con las manos y se volvió hacia
sus amigas.- Me estoy muriendo de ganas de saber con quien nos toca.
-
Vale, no tardes. - Dijo Sophie, pero su amiga no lo escuchó.
-
- - -
-
¡Liam! ¿Dónde vas? - Preguntó Louis.
-
Me estoy estresando. - Exclamó el chico musculado de pelo corto y
tatuajes, que se acababa de poner +de pie. - Quiero saber con quien
nos toca. ¿Porqué no nos lo dicen?
-
No sé. La verdad es que no tiene mucho sentido esperar más. Ya
hemos llegado todos.
-
Estarán acabando de planearlo todo, digo yo. - Harry se añadió a
la conversación, sin apartar la vista del móvil.
-
Bueno, yo voy a preguntarle a alguien cuanto falta. ¿Alguno viene
conmigo? - Ninguno dijo nada. Liam puso los ojos en blanco. - Muchas
gracias, eh, amigos. - Dijo remarcando irónicamente esa última
palabra.
Caminó
por los pasillos, llenos de gente de los dos institutos, hasta que
encontró a un hombre alto y corpulento, de unos cincuenta años. El
colgante con el logo del pájaro verde le indicó que trabajaba para
la FPSE.
-
Disculpe. - Le dijo educadamente. - ¿Sabe cuanto falta para que nos
digan con quien vamos? - El hombre simplemente señaló un pasillo
que giraba a la izquierda. - ¿Ahí hay alguien que me lo podrá
explicar? - El hombre asintió. - Eh.., está bien. Muchas gracias.
- Liam caminó hacia ese pasillo, y se giró de nuevo para ver a ese
hombre. Seguía en la misma posición. ''Que borde'', pensó. Empezó
a oír voces según iba acercándose a la esquina. No entendía que
decían, pero podía reconocer la voz de un hombre y la de una
chica. La del hombre era simpática, pero severa. Y la de la
chica... Era una voz muy dulce. Era una voz de esas que te gustaría
escuchar hablar por horas. Liam, igual que sus otros cuatro amigos,
cantaba, y sabía reconocer una buena voz cuando la oía, y sabía
perfectamente que aquella chica era propietaria de una buenísima.
Y
por fin giró la esquina. Vio a un hombre mayor, de unos treinta
años, hablar con una chica de pelo negro cómo el carbón y ojos
que, a pesar de estar lejos, podía ver que tenían un azul precioso.
La chica era bastante alta y parecía enfada. Estaban delante de una
puerta de madera. Liam se acercó a ellos.
-
Eh, hola.
-
Hola. - Dijo la chica secamente, y se volvió hacia el hombre. Se
podía notar por su cortante voz que estaba algo estresada. - ¿Cómo
que “aún falta un poco”? - Dijo gesticulando las comillas con
los dedos.
-
Lo siento, señorita. El director general está acabando de hablar
con los directores de ambos institutos, no se exactamente que van a
tardar. - El hombre parecía algo intimidado por la chica.
-
¡Pero llevamos aquí casi una hora y nos dijeron que nos dirían
los grupos en cuanto llegáramos!
-
Eso es verdad. - Añadió Liam algo vergonzoso. La chica parecía
tener carácter y después del cortante 'hola', le daba algo de
apuro interrumpirla. - Llevamos aquí muchísimo rato y nos
empezamos a desesperar todos un poco.
-
¡Eso! - Dijo Emma. Luego se volvió hacia Liam extrañada. - ¿Y tú
quien eres?
-
Eh, Liam. Liam Payne. ¿Y tú?
-
Emma Stevenson. - Los dos se estrecharon la mano tímidamente. El
hombre aprobechó el momento para abrir la puerta que tenía detrás
suyo y entrar en la habitación. Emma intentó pararle pero éste le
cerró la puerta en las narices. Se quedó los próximos dos
segundos delante de la puerta.
-
¡Mierda! - Dijo girándose y apoyándose en ella.
-
Muy impaciente? - Dijo Liam con una sonrisa. Una sonrisa preciosa
que impresionó bastante a Emma.
-
Demasiado. Quiero saber con quien nos ha tocado. - “Dios mio, que
guapo es”, pensó. “No, Emma. No te dejes impresionar tan
rápido. Además, tu mayor preocupación ahora es con quien os
tocará”.
-
Yo también. - Liam se apoyó a su lado, en la pared. Cada segundo
que pasaba, esa chica le parecía más guapa. ¡Qué ojazos tenía!
De repente se fijó en su cuello. Llevaba un colgante en forma de
media-luna. Justamente... cómo el que llevaba él.
-
¡Ala! - Dijo Liam poniéndose enfrente de ella y cogiendo con
cuidado el colgante. Emma al principio se extrañó, y en cualquier
otra ocasión le hubiera metido una bofetada por puros reflejos,
pero, en ese caso, la idea de tenerle tan cerca no le desagradaba. -
¡Yo también tengo ese collar!
-
¿Enserio? - “Joder, también es casualidad”, pensó Emma. El
chico rebuscó dentro del cuello de su camiseta y sacó un collar,
con una media-luna idéntica a la suya.
-
¡Vaya! Sí que son idénticas. Aunque la mía me la compré en
Rússia.
-
¿No jodas? ¡La mía también! Fuí el verano pasado con mi
família. - Ambos rieron de la coincidencia, hasta que una voz
invadió toda la Central, y les sobresaltó.
“Atención
todo el mundo,” comenzó a decir la voz. “necesitamos que vayáis
todos a la Sala de Espera.”
-
¿Crees qué será para decirnos los grupos? - Dijo Liam. Aún
seguían muy cerca, aunque su atención ahora estaba puesta en la
voz de mujer que resonaba por todo el recinto.
-
¡Tss! - Ordenó Emma. Liam sonrió y se calló. La voz continuó
hablando.
“Necesitamos
que todos los alumnos estén ahí. Vamos a irles llamando para
decirles con quien van a competir los próximos 20 días.”
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