— ¡Emma!
Un grito la despertó. Abrió los ojos y se encontró cara a cara con Annie, que parecía algo cabreada. Detrás de ella, Sophie, Cleo y Stevie se reían escandalosamente. Emma miró a su alrededor: estaban en un banco, delante de la puerta de la escuela.
— ¡Te has dormido mientras te hablaba! — Exclamó Annie. Parecía molesta. Entonces Emma se dió cuenta de que se había quedado dormida en el hombro de su amiga, mientras ella, al parecer, le estaba hablando.
— Lo siento, Annie. — Dijo Emma con voz somnolienta, incorporándose. — Hoy no he dormido nada. Estoy muy nerviosa.
— Ya, y yo lo he pagado. — Contestó su amiga, ayudándola a levantar la cabeza. Sus amigas seguían riéndose y la gente que esperaba para entrar en el instituto las miraban extrañados.
— ¿Han abierto ya? — Preguntó Emma. Se frotó los ojos para ver mejor, y los dedos se le mancharon un poco de rimmel.
— Mira, ahora mismo. Vamos. — Dijo Stevie tirando de la mano de su amiga, que parecía que en cualquier momento volvería a caer redonda.
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Cuando llegaron al aula, algo extraño sucedía. No había nadie hablando, ni gritando, ni con el móvil, ni nada. Estaban todos sentados, callados.
— ¿Os han drogado o algo? — Preguntó Cleo mirando extrañada a su alrededor mientras se dirigía a su sitio.
— ¡Tss! — Dijo hablando en susurros un chico que se sentaba a su lado. — Sentaos. El Topo se ha ido a hablar con el director de la otra escuela. Ha dicho que si oye algún sonido nos quedaremos sin viaje.
— No sé cómo podéis seguir llamándolo viaje. — Dijo Emma, también susurrando.
— Por cierto, ¿ya están aquí los de la otra escuela? — Preguntó Sophie, hechánose para atrás con la silla para hablar mejor con el chico, que estaba detrás suyo.
— ¿Aquí? Que va. Ellos están ya en la central de la FPSE esa. Ahora iremos nosotros.
— ¿Y que hace el director aquí?
— Pues que nuestro queridísimo Topo no sabe ir. Nos tiene que guiar el otro para llegar.
— Entonces, ¿les conoceremos a todos allí? — Dijo Emma, seguido de un bostezo. Se apollaba con el codo en la mesa, descansando la cabeza encima de la mano.
— Sí. Ahora callad, que ya llega.
Se oyeron unos pasos por el pasillo. Todos se volvieron a poner rectos, mirando a la pizarra. Las cinco chicas los imitaron. El profesor Trelown llegó a la clase, pero se quedó en la puerta.
— Coged las mochilas, podéis dejar los libros y el material aquí. El autobús nos espera abajo, ¡vamos, corred!
La clase entera se inundó en los sonidos de las sillas arrastrándose y de las mochilas abriéndose y cerrándose.
Annie recogió su mochila y se dirigió hacia la puerta. Pasó por delante de la mesa de Emma, y la vio tumbada, durmiendo. Puso los ojos en blanco y suspiró:
— ¡Emma! — Chilló. A la chica se le cayó la cabeza encima de la mesa, y el golpe la despertó.
— ¡Sí... Eh, sí! — Dijo sobresaltada, sin saber bien quien le hablaba.
— Vamos, ya tendrás tiempo de dormir en el autobus. — Annie le cogió la mochila a su amiga, metió dentro su cazadora y tiró de su brazo, levantándola. Al ver que no se movía, se la quedó mirando e insistió, tirando de ella aún más fuerte. — ¡Vamos!
La chica por fin desistió, y aceptó los tirones de su amiga, que la llevó con las demás.
— Eres un puto zombie. — Dijo entre risas Stevie. Las demás también reían. Emma simplemente hizo una sonrisa irónica y bostezó.
Mientras bajaban las escaleras pensaban en silencio.
— No lo negéis. — Dijo Annie. — Decís de mí, pero estáis guiñadas por que tíos nos tocan. — Las chicas la miraron.
— Annie, si son feos me da igual, pero si son insoportables ya no. — Dijo Stevie.— Cómo no colaboren o me toquen mucho lo que no tengo les enviaré a la mierda. Prefiero a feos simpáticos y trabajadores que a unos guapos chulitos que no hagan nada. — Dijo convencida.
— Ya, pero si son guapos, simpáticos y trabajadores mejor, ¿no? — Dijo Annie guiñándole a su amiga un ojo.
— Esos ya no existen. — La frase de Cleo inició las risas de las cinco chicas.
En cuanto subieron al autobús, se pusieron por parejas en los alientos. Emma decidió quedarse ella sola en dos sitios para poder descansar. A las demás les pareció bien.
Annie se sentó con Sophie, y ambas escuchaban música desde el móvil de la segunda, compartiendo auriculares.
Cleo y Stevie leían una revista que Emma les había dejado. Ésta última ya se había vuelto a quedar dormida, con las piernas estiradas en los asientos y la cabeza apollada en el cristal. Según les habían dicho, la central estaba en la montaña, así que les esperaba un largo viaje...
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La sala de espera de la central estaba llena de los aumnos de la universidad de Stranford. Algunos hablaban, otros dormían, otros escuchaban música... pero todos esperaban.
— ¿Cuanto más van a tardar? — Dijo un chico de ojos claros y pelo oscuro, Piel blanca y cuerpo tatuado. Estaba sentado en el suelo de un rincón de la sala de espera, junto a cuatro chicos más.
— Louis, es la tercera vez que lo preguntas en cinco minutos. — Dijo un moreno de ojos oscuros. Tenía el pelo casi negro y también estaba tatuado. — Ya llegarán. — Dirigió la mirada hacia el suelo, parecía estar buscando algo. — Niall, ¿dónde has dejado las patatas?
— Ya no quedan. — Dijo un rubio de ojos azules, poniéndose en la boca la última patata frita. Era más bien alto, blanco de piel, y no tenía tatuajes.
— ¿Te las has acabado ya? — Dijo un chico alto, de pelo muy corto y ojos marrones. Parecía el más musculado de todos. A pesar de que lo dijo con un tono de voz elevado, tenía una sonrisa en la cara.
— ¡Venga ya, Liam! — Contestó Niall riendo, mirando al chico de pelo corto. — ¡Tú también has comido!
— ¡No mientas! — Ambos se empezaron a dar amistosas collejas mientras los otros tres chicos reían. Uno de ellos, mientras miraba el móvil. Tenía el pelo algo largo y revuelto, con unos amplios rizos. La piel un poco morena y los ojos verdes. También llevaba tatuajes, y de su muñeca colgaba una pulsera con una medallita de plata, donde ponía 'Harry'.
— ¡Ey, chicos! — Una chica bajita se acercó a ellos nerviosa. — ¡Ya han llegado!
Los chicos pararon de pegarse y se levantaron de golpe. Harry guardó el móvil y Liam tiró la bolsa de patatas a una papelera cercana, a continuación todos (incluyendo al resto de los alumnos), salió disparado hacia la puerta, dónde se veía un autobús aparcando delante.
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Los alumnos fueron bajando poco a poco del autobús. Emma seguía somnolienta, pero ya no tenía tanto sueño.
— Muy bien, chicos. — Dijo el profesor Trelown, parándose delante de todos. — Los alumnos de Stranford estarán ya en la sala de espera. Entrad y quedaros ahí hasta que os avisemos.
Entraron por la gran puerta de cristal. Había una gran pegatina con el dibujo de un pájaro verde en ella; el logo de la FPSE. Los alumnos de Stranford permanecían en pelotón delante de la puerta. Los cinco chicos permanecían detrás. Intentaban pasar adelante, pero sus compañeros no estaban dispuestos a cederles las vistas.
— A la mierda, me rindo. — Dijo Louis poniéndose bien la camisa. — Ya les veremos luego. Voy al baño. — Se separó del grupo y fué pasillo abajo, dirigiéndose a los lavabos.
— Vamos, me estoy estresando. — Zayn también se alejó del pelotón y fué a sentarse al mismo sitio donde estaban antes. Muchos alumnos empezaban a hacer lo mismo. Los tres chicos le siguieron, y se sentaron a su lado.
Los alumnos de Greenwoch empezaron a dispersarse por la enorme sala de espera, igual que los de Stranford. Algunos hablaban entre ellos para irse conociendo.
— Chicas, ¿dónde nos sentamos? Esto está lleno... — Dijo Cleo. Las cinco amigas miraron a su alrededor: La sala de espera era muy grande, pero tenía pocas sillas, las cuales estaban ya todas ocupadas. Muchos alumnos habían optado por sentarse en el suelo, y ellas hicieron lo mismo, pues no había otra opción.
— Chicas, me estoy muriendo de sed. ¿Alguna tiene una Coca-Cola por casualidad? — Preguntó Stevie.
— No, pero girando aquella esquina hay una máquina de refrescos, al lado de una de aperitivos. La he visto al entrar. — Dijo Emma, colocándose los cascos.
— Está bien, ahora vengo. — Stevie cogió su mochila y se levantó del suelo, caminando hacia la máquina de refrescos.
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— ¿No hay más patatas? ¿Enserio? — Dijo Niall.
— Mira que te gusta comer, ¿eh? Lo vas a pasar mal estos días... — Dijo Louis, que ya había vuelto del baño.
— Mira, allí hay una máquina expendedora. Compra una bolsa. — Liam señaló la zona donde estaba situada la máquina, y Niall se dirigió hacia allí.
Stevie abrió la mochila en busca del monedero. ¡Mierda! ¿Pero dónde estaba? Tenía que estar ahí, tenía que encontrarlo...
Stevie tenía la cabeza casi sumergida dentro de la mochila. Estaba tan concentrada buscando el monedero que cuando giró la esquina...
*PUM*
Se chocó contra alguien, y ambos cayeron al suelo.
— ¡Ahh! — Gritó Stevie. — ¿Pero a ti que coño te pasa?
— ¡Eh, relájate! ¡Eras tú la que no miraba! — La voz era grabe: definitivamente era un chico. Stevie se levantó cogiendo su mochila del suelo, y el chico hizo lo mismo.
— Tú también podrías haber mirado. — Rechistó ella. Levantó la cabeza y vio por primera vez al causante de su caída. ¡Vaya! Ese chico era realmente guapo. Rubio, de ojos azules, alto y bastante musculado.
Niall la seguía mirando. Era preciosa. Sus ojos verdes brillaban un montón. Nunca había visto unos ojos que brillaran más que los suyos. A pesar de que él le sacaba unos centímetros, le intimidaba la mirada de la chica; la caída no le había gustado demasiado.
— Me llamo Niall. Niall Horan. — Se atrevió a decir.
— Stevie Reindler. — Stevie mantenía una mirada descontenta, y seguía buscando el monedero en la mochila. Definitivamente se lo había dejado en casa. — ¡Joder!
— ¿Qué pasa? — Le preguntó él.
— Me he dejado el monedero en casa, y me muero de sed.
— ¿Que querías?
— Una Coca-Cola. — Desistió, y cerró la mochila, volviéndosela a colgar en la espalda.
Niall le guiñó un ojo, sacó una moneda de su pantalón y la introdujo en la máquina. Presionó el botón con la fotografía del refresco y este salió por abajo. Niall la cogió y se la entregó a Stevie. Esta sonrió.
— Vaya, gracias. — Una sonrisa acompañó el agradecimiento. Silencio. — Y tú, ¿no querías nada?
— Ah sí. Las patatas. — Niall hizo el mismo procedimiento pero en la máquina de al lado. En unos segundos ya tenía una bolsa en la mano.
— Bueno, ya nos veremos. — Stevie seguía molesta, pero el gesto del chico invitándola a la Coca-Cola la había ablandado un poco.
— Eso espero.
— Adiós.
— Adiós.
Stevie sonrió y dió media vuelta, marchándose por donde había venido. Niall se la quedó mirando hasta que desapareció al girar la esquina. Dios, que guapa era. Un grito le hizo regresar al mundo real.
— ¡Niall! ¿Qué haces? Estamos esperando las patatas. — Era Liam.
— Eh, sí. Aquí están, vamos.
— ¿Estás bien?
— Sí, sí. Claro. Vamos, volvamos con los chicos. — Pero en realidad no estaba bien. No lo hiba a estar hasta que estubiera seguro de que aquella chica compartiría casa con él los siguientes doce días. Lo que él no sabía, es que ella, en el fondo, quería lo mismo.
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Hi, hiiiiiii:3 En fin, espero que os haya gustado este capítulo, donde ya empieza lo interesante:3 Espero que os haya gustado, comentad, compartid y todo eso, kissesssssssss xx.